lunes, 18 de diciembre de 2017

Indígenas de Perú reubicados no se adaptan a su nuevo hogar

3 de octubre 2017. REUTERS. Mariana Bazo.

Nueva Fuerabamba, al sur de Perú fue construida para albergar a unas 1.600 personas que abandonaron su aldea y tierras de cultivo debido a las pretensiones de la empresa MMG quienes explotan una enorme mina de cobre a cielo abierto. El nuevo pueblo cuenta con calles pavimentadas y casas con electricidad y agua potable, para los indígenas quechuas que ahora viven allí.


En el acuerdo entre la comunidad y la empresa, se ofrecieron empleos y compensaciones suficientes como para que algunos habitantes ya no trabajen mas durante un largo tiempo; no obstante el trato no ha traído la armonía que buscaban los aldeanos y MMG Ltd filial de China.

Las Bambas. Reuters.
En Perú, segundo mayor productor mundial de cobre, zinc y plata, diversas comunidades de indígenas y campesinos se han rebelado contra una industria que amenaza su forma de vida y se apropia de sus recursos. 


Hoy muchos de los aldeanos a tres años de haberse mudado, aún luchan por adaptarse al entorno suburbano en donde se han visto afectados sus estilos de vida y oficios habituales, como la agricultura y la cría de ganado.

"Estamos acá como encerrados en una cárcel, o en una jaula como esos animalitos que se crían," dijo Cipriano Lima, un exagricultor de 43 años.

MMG ha reconocido que la reubicación ha sido compleja para algunos pobladores, pero a su vez afirman que la mayoría se ha beneficiado con mejores viviendas, servicios de salud y de educación.
A los jefes de cada hogar, les prometieron trabajos en la mina. Se otorgarían becas universitarias a sus hijos, se les entregaría nuevas tierras para la agricultura y el pastoreo, aunque a cuatro horas en auto por la falta de tierra disponible cerca de Nueva Fuerabamba. De igual manera, según dicen algunos aldeanos, cada hogar habría recibido unos 120.000 dólares, aunque MMG se negó a confirmar los pagos, argumentando la confidencialidad de los acuerdos con las comunidades. 

Dentro de las estructuras construidas para disfrute está una clínica, campos de fútbol y una plaza de toros de cemento para festivales. Aún así algunos pobladores dicen que el acuerdo no ha sido lo que ellos esperaban. Sus nuevas casas de dos o tres pisos de paneles de yeso les parecen poco fiables y frías en comparación con sus antiguas chozas de adobe con techo de paja que se calentaban con estufas de leña. Muchos ya no siembran cultivos y ni cuidan ganado porque sus nuevos terrenos están muy distantes de su nuevo hogar.

"Todo es dinero", dijo Margot Portilla, una madre de 20 años, mientras cocinaba arroz en una cocina a gas en la casa amarilla de su cuñada. "Antes con bosta hacíamos fuego y nos cocinábamos todo. Ahora tenemos que comprar gas".

Sin embargo, algunos residentes reconocieron los beneficios de la mudanza. El pueblo nuevo es más limpio que la vieja aldea, dijo Betsabét Mendoza, de 25 años, que invirtió lo que le pagó la mina en un taller metalúrgico en oro pueblo cercano y más grande.

Aún así, las calles de Nueva Fuerabamba estaban prácticamente desiertas en un día de semana. Vargas, un líder de la comunidad, dijo que muchos residentes volvieron al campo o buscaron trabajo en otro lugar.

El alcoholismo va en aumento por el ocio y el dinero del acuerdo, agregó. Durante los 12 meses hasta julio, cuatro residentes se suicidaron tomando productos químicos agrícolas, según la fiscalía provincial, que no pudo proporcionar datos comparativos de suicidios en Fuerabamba antes de la reubicación.

Los residentes de Nueva Fuerabamba continúan presionando a la compañía para obtener asistencia adicional. Las demandas incluyen más trabajos y títulos de propiedad de sus casas, que aún no se han entregado debido a demoras burocráticas, dijo Godofredo Huamani, el abogado de la comunidad..
Muchos aldeanos como Flora Huamaní de 39 años, madre de cuatro niñas, se aferran al pasado. Recordó cómo las mujeres solían juntarse para tejer la lana de sus ovejas para los vestidos negros tradicionales que usan.

"Eso era nuestra costumbre," dijo Huamaní desde un banco en su patio delantero amurallado. "Ahora nuestro costumbre es tener asamblea tras asamblea tras asamblea" para discutir los problemas de la comunidad.

Fuente: SWUISSINFO

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