lunes, 1 de febrero de 2016

Venezuela: entre Constitución y Revolución

Al trasluz de los resultados del 6D, Venezuela tiene por delante un gran reto: salir de la perversa polarización que emergió en el país, luego del triunfo de Hugo Chávez en 1998.
La historia de este proceso político nacional, que aún sigue abierto, ha sido de marchas y contramarchas. El apego y desapego a la CRBV por parte de los dos principales bloques en pugna en el país a lo largo de estos años, ha significado en muchas ocasiones atajos cortos para objetivos políticos.

Mirar en blanco y negro la situación nacional le hace un flaco servicio a la necesidad de trascender del cortoplacismo. El debate sobre temas estratégicos como fundamento de una agenda común, es parte de los desafíos que se imponen a la nueva asamblea nacional.
La izquierda autónoma se ha reafirmado en medio de la denuncia a las tropelías de los llamados "gobiernos progresistas" y, sobre todo, haciendo gala de su talante democrático.

Ya lo decía el maestro Ernst Bloch: "no hay socialismo sin democracia ni democracia sin socialismo". En efecto, históricamente la democracia en despliegue es un asunto de los sectores de izquierda. Si el parlamento es una creación burguesa su devenir democrático ha estado signado por el rol de la izquierda en su seno.
La izquierda autónoma ha venido participando en los últimos procesos electorales con tarjeta propia, ofreciendo salidas intermedias a la banalización política en la que incurren las dos mitades electorales del país.


Tal como lo advierte Jean Luc Nancy, la democracia es un continuo desarrollo de oportunidades y no un fin en sí mismo. En esa construcción hay que moverse.
La democracia venezolana como ejercicio ha tenido esos vaivenes. Le permitió a un militar como Chávez, luego de una rebelión, convertirse en uno de los presidentes más votados en la historia política del país. Pero también le ha creado las condiciones a un Ramos Allup y a otros para, habiendo tenido responsabilidades políticas en el pasado, hagan borrón y cuenta nueva de sus desmanes.

La historia política de Venezuela ha estado signada por golpes y contragolpes. No hay político alguno en el país que se reivindique como demócrata, que no haya participado en un acto conspirativo.
La anterior verdad supone un ejercicio de reconocimiento de la historia pasada nacional, a objeto de superar un escollo que aparece y reaparece como impronta en el imaginario colectivo nacional.

En los tiempos actuales, y luego de la estrepitosa derrota gubernamental en las elecciones parlamentarias, el oficialismo se debate entre constitución y revolución. Es así como aparece el Presidente junto al resto de sus sequitos amenazando con desconocer a los miembros electos del parlamento nacional.
Indudablemente que el gobierno nacional navega en la contradicción constitución o revolución. Aquello que es incompatible en su definición y concepción, el gobierno intenta unirlo a la fuerza. ¿Cuánto tiempo más tendrá que transcurrir para que el gobierno nacional supere la paradoja en la que se encuentra inmerso?
De estadista seria que el Presidente se inclinara por la Constitución. En cambio, en agitador se convertiría, de persistir en la idea de una revolución panfletaria.


Vladimir Aguilar Castro
Universidad de Los Andes

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